El informe de este año sitúa el debate sobre el bienestar juvenil en el centro de la agenda política. España se mantiene en la franja media-alta del ranking mundial, rodeada de países con dinámicas muy distintas.
Cada año desde 2012, el Informe Mundial de la Felicidad, publicación insignia de SDSN, ofrece la fotografía más completa del bienestar a escala global. Su edición de 2026, publicada coincidiendo con el Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo), sitúa a Finlandia en el primer puesto por noveno año consecutivo. Los países nórdicos siguen dominando la parte alta del ranking, acompañados esta vez por Costa Rica, que alcanza el cuarto puesto, su mejor posición histórica y la más alta jamás lograda por un país latinoamericano.
España se sitúa en esta edición en el puesto 41 del ranking global, tres posiciones por debajo de la edición de 2025 y dentro de un grupo de países con puntuaciones muy próximas. En este tramo del índice, situado entre el puesto 25 y el 55, la diferencia entre posiciones adyacentes es de apenas unas centésimas, lo que hace que pequeñas variaciones en la percepción ciudadana se traduzcan en cambios de varios puestos. Italia (38), Francia (35) y Portugal (69) completan el panorama de los grandes países del sur y del oeste de Europa, con trayectorias dispares que invitan a la reflexión sobre los modelos de bienestar en el continente.
Bienestar juvenil y redes sociales
El eje temático de la edición de este año es la relación entre el uso de redes sociales y el bienestar de las personas jóvenes. El informe documenta una caída significativa del bienestar entre los jóvenes menores de 25 años en los países anglosajones —Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda—, con una reducción media de casi un punto durante la última década. Lo llamativo es que esta tendencia no se reproduce en el resto del mundo: en 85 de los 136 países analizados, los jóvenes están hoy más satisfechos con su vida que hace veinte años.
¿Qué explica esta divergencia? El informe señala el uso intensivo de redes sociales como un factor relevante. Los datos del programa PISA, con una muestra de adolescentes de 15 años en 47 países, revelan que no todas las plataformas afectan igual al bienestar: las orientadas a la comunicación muestran un efecto positivo, mientras que las basadas en feeds algorítmicos y contenido de influencers se asocian con una mayor insatisfacción vital, especialmente entre las chicas. El tiempo de uso también importa: quienes usan redes sociales menos de una hora diaria reportan los niveles más altos de bienestar. El problema es que los adolescentes invierten, de media, más de dos horas y media al día en estas plataformas.
En Europa, el informe identifica también un deterioro del bienestar juvenil, aunque menos pronunciado que en los países anglosajones. Esta tendencia es relevante para España, donde el debate sobre la regulación del acceso de menores a internet ha cobrado fuerza política en los últimos meses, en línea con las iniciativas legislativas que ya están avanzando en varios países europeos.

Otra de las aportaciones del informe es su diagnóstico sobre lo que denominan un problema de acción colectiva. Si las plataformas existen, no participar supone quedar fuera. Pero la mayoría de las personas reconoce que estaría mejor si no existieran, o al menos si se usaran de otra manera. Esto implica que las respuestas individuales son insuficientes y que se necesitan marcos regulatorios colectivos.
Qué mide realmente este índice
El ranking refleja únicamente la autoevaluación de las personas sobre su propia vida, medida a través de la escala Cantril (de 0 a 10). Los seis factores que el informe analiza (PIB per cápita, apoyo social, esperanza de vida saludable, libertad para tomar decisiones, generosidad y ausencia de corrupción percibida) se usan para explicar las diferencias entre países, no para construir el ranking. La puntuación de cada país es, en última instancia, lo que sus ciudadanos dicen sobre sus propias vidas a través de la encuesta Gallup World Poll.


